Empezando
esta segunda parte del libro, empiezo contestando una pregunta que me
han echo varias veces...el porque me decidi a escribir estas historias
de consultorio.
Lo principal es por que, aunque todos somos distintos y tenemos problemas que solo son de uno, suele pasar que
el tema sea comun entre todos, aunque los detalles cambien, el tema sea
pareja, personal, laboral, sexual, etc etc puede ser el mismo para
todos. Y leyendo situaciones de otros uno puede reflejarse y tratar de
buscarle la solucion o por lo menos tratar de entender ciertas cosas. Mi
deseo es que tratemos de entender lo que nos pasa, mas alla de poder
solucionarlo o no. Pero si por lo menos entendemos lo que nos pasa,
estaremos haciendo un paso grande.
Soy un convencido de que dando
también se puede crecer, no sólo recibiendo. El hecho de poder
transmitir las pocas cosas que uno ha aprendido, también tiene que ver
con el crecimiento. Hay un cuento que ejemplifica muy bien esto.
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre
que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de
aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como
aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo
mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del
pueblo. Entonces le dice:
¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...
Entonces, el ciego le responde:
Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de
las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino
cuando me vean a mí.
No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea
visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Ese es mi
deseo en esta segunda parte, ojala esta luz alumbre el camino de
ustedes, por que si su camino esta encendido inevitablemente alumbra el
mio. Brindo por eso!